León Gieco en vivo en el Bikini Barcelona - 16/07/2010

"La colina de la vida"

video


"La memoria"
(En homenaje a todas las Madres de Plaza de Mayo)

video


"Cinco siglos igual"
(En homenaje al Presidente Evo Morales)

video


"Sólo le pido a Dios"
(En homenaje a Mercedes "la Negra" Sosa, quien la cantó durante tantos años)

video


(No pude grabar las canciones enteras porque mi pulso temblaba, y porque necesitaba las manos para secarme las lágrimas, aplaudir y agradecer. Ése es el motivo por el cual hay sólo fragmentos.)


Muchas Gracias por venir, León.
Y qué bueno que viniste...

Orgullo(sa)

El 15 de julio del año 2010 Argentina legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo



Ya pasó el tiempo de las discusiones, de las aberraciones, y del odio en sus peores formas, como si los discursos racistas, fascistas, homofóbicos y exclusivistas, no defendieran el odio y la incomprensión que son la base de la intolerancia, la segregación y la discriminación, venenos letales de una sociedad y una nación.

Ya pasó el tiempo de las señoras de la alta suciedad confundiendo homosexualidad con enfermedad e instinto paternal con perversión, como si la pedofilia y las violaciones no hubieran sido invento de los heterosexuales.

Ya pasó el tiempo de la Iglesia Católica Apostólica Romana (escuela y patria de algunas de las peores depravaciones humanas y sexuales de la historia) imponiendo que Dios manda las cosas que mandan ellos, como si la Biblia no mandara que nos amemos los unos a los otros, como si Jesús no hubiera juzgado a la gente sólo por el tamaño de su corazón, como si Dios no fuera sinónimo entre otros de Amor y Libertad, como si el Espíritu Santo hubiera venido para imponer que seamos todos iguales.

Ya pasó el tiempo del asco por lo distinto, como si asco no fuera hacer distinciones.

Ya pasó el tiempo de los falsos tolerantes diciendo “que en su casa hagan lo que quieran pero no lo quiero ver en la calle”, como si la libertad de expresión no fuera la base de nuestra tan peleada democracia.

Ya pasó el tiempo de creer que un niño que crece con una pareja homosexual puede salir insano, como si los hijos de los matrimonios heterosexuales disfuncionales no se vieran seriamente perjudicados en su salud.

Ya pasó el tiempo de los falsos psicopedagogos con su fijación con las imágenes materna y paterna, como si un niño necesitara algo más que simplemente amor para crecer feliz (y como si no hubiera también inmensidad de ejemplos que avalen esto).

Ya pasó el tiempo de argumentar que un niño que crece de una pareja homosexual será también homosexual, como si los homosexuales no hubieran crecido de parejas heterosexuales.

Ya pasó el tiempo de los falsos biólogos argumentando que cualquier cosa en contra de la concepción es antinatural, como si fueran ilegales los matrimonios heterosexuales que han decidido no tener hijos biológicos, o los que no han podido tener hijos biológicos, o los que durante gran parte de su unión han tenido sexo con métodos de anticoncepción.

Ya pasó el tiempo de los darwinistas diciendo que en tanto la procreación se da solo entre macho y hembra, la cristalización de la homosexualidad será el fin de la raza humana, como si consentir el sexo entre homosexuales fuera vetar el de entre heterosexuales para siempre y hasta el fin.

Ya pasó el tiempo de los falsos sentimentalistas llorando que el matrimonio entre personas del mismo sexo vaciará de significado el matrimonio entre personas del sexo opuesto, como si no hubiéramos visto divorcios y uniones por interés desde que tenemos ojos y estamos en este mundo.

Ya pasó el tiempo de la ridiculez de comparar el matrimonio entre personas del mismo sexo con el matrimonio entre una persona y un animal, como si la abolición de la esclavitud no hubiera dejado ya bastante claro que las personas no somos animales.

Ya pasó el tiempo de la monstruosidad de asemejar el matrimonio entre personas del mismo sexo con el matrimonio entre una persona y un objeto, como si no fuera propiedad intelectual de Hitler mirar a las personas como jabones o botones.

Ya pasó el tiempo de los falsos civilizadores diciendo que la homosexualidad es barbarie, como si los griegos, padres de la civilización occidental, no hubieran tenido (y defendido) relaciones homosexuales.

Ya pasó el tiempo de los falsos naturalistas diciendo que las relaciones homosexuales son antinaturales, como si no fuera antinatural reprimir al amor que dos personas quieren expresar en su cuerpo.

Ya pasó el tiempo de la desinformación sobre la ley de la adopción, como si hasta ahora una persona soltera no hubiera podido adoptar un niño sin importar su elección sexual.

Ya pasó el tiempo del totalitarismo, de las dictaduras, de los gobiernos absolutistas, de las sociedad donde todos somos iguales pero algunos son más iguales que otros; ya pasó el tiempo de las deudas con una comunidad igualitaria, donde no haya buenos y malos, peores y mejores, elegidos y descartados, donde no haya distinción de razas ni de religiones ni de grupos soberanos, donde los derechos humanos sean los mismos derechos para todos los humanos, donde las minorías también sean parte, donde la igualdad de todos ante la ley sea también ley; como si no hubiéramos estado todo el siglo XX luchando por eso…


Ya pasó. Ya pasó todo. Ahora tenemos una ley, otra ley, que refleja a La Ley.

Ahora el matrimonio sigue siendo una elección, pero una elección que podemos hacer todos.

Ahora somos un poco más serios y un poco más humanos.

Ahora el orgullo de ser lesbiana, gay, bisexual o transexual en Argentina (¡el octavo país del mundo en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo!) es también el orgullo de ser Argentino.

Gracias, Argentina. Muchas Gracias.

España Campeón de la Worldcup FIFA 2010. Partido y festejos en Barcelona el 11/07.


video


Si això no és Espanya, on collons estic?


REC

La claridad del cielo venía amenazando desde hacía rato, y el mar ya estaba hecho de mercurio liviano. De golpe se escuchó un gemido y un cristal destrozarse (grave, a lo lejos). Así asomó el sol, rojo intenso y tan irreal como un coágulo de lava.
Fue creciendo el día.
Me abrazaste.
-¿Qué pasa? ¿Qué pensás?
- No pienso nada -dijiste-. Estoy apretando REC.

Siempre se llamó Valija pero acá le decían “Maleta”

Llegó a mí el 10 de mayo del 2009 un poco rota y viejita, para acompañarme a Barcelona por primera vez, llena de ropa de verano e ilusiones, porque mi mamá no la quería más.

Hizo así Buenos Aires - Santiago de Chile, Santiago de Chile - Guayaquil (en donde tuve que ver que la aduana la abriera, la revolviera y la investigara, por “razones de seguridad y protocolo al azar”), Guayaquil – Madrid; en avión. Recorrió considerable porcentaje de la ciudad de Madrid, durante dos días, para después subirse a un bus hasta Barcelona.

En Barcelona me acompañó hasta mi primera casa, Calle Ávila 21, donde se quedó quietita un mes. Después nos fuimos a mi segunda casa, Calle Cadí 21, donde nos quedamos cuatro meses. Y después a mi tercera casa, Calle Trobador 17, y esta vez acompañadas de bastantes bultos más y con la ayuda de Olguita, mi amiga estoyparatodo. Todas estas mudanzas se hicieron en transporte público: exquisita combinación de metros, buses, escaleras mecánicas, enlaces de líneas, escaleras fijas, ascensores y calles en desnivel. El mismo día de esta última mudanza, por la noche, ayudó a mi amiga Claudia en su propia odisea, llevando cosas de su casa a la mía, para tenerlas guardadas mientras ella se ausentaba unos meses de Barcelona con destino incierto. Así estuvo, dentro de mi armario y llena de sabe Dios qué cosas, durante tres meses, hasta que ella volvió, se la llevó hasta su entonces nueva casa, la vació, y me la devolvió, disponible y con hambre. Y a los pocos días otra vez mis cosas, para mi viaje a Buenos Aires. Y así viajó, con mi ropa de media estación y todas mis dudas (con razón tuve que pagar € 35.- de sobrepeso a la aerolínea), las treinta y dos horas que duró mi viaje, combinando bus por España, avión hasta Lima, transbordo (preguntando siempre por ella hasta que los agentes me prometieran que estaba a salvo), avión hasta destino, y coche hasta la casa, Avenida Callao 787. Entonces quedó vacía y casi olvidada por tres meses, esperando.

Poco más de un año después de haberla llenado por primera vez, la rearmé con todo lo que entró y más dudas e ilusiones que nunca, y así hicimos juntas otra vez Buenos Aires – Lima, Lima – Madrid, en avión; y Madrid-Barcelona en bus. Y desde la estación de bus en taxi a casa de Olga (a donde llegué apenas llegué). Y en lo de Olga estuvo dos semanas sin abrir, sirviendo de afila uñas al gato, que se ensañaba con su textura rugosa y su olor a usado. Y de lode Olga a mi piso actual, Enric Granados 91, también en metro, escaleras fijas, enlaces, escaleras mecánicas, ascensores y calles en desnivel.

Después de esta última epopeya tuve que tomar la triste decisión. Tiene las rueditas tan chuecas que ya no giran y anda arrastrando el culo como prostituta rancia, y en ese achaque se le gasta, se le llena de mugre y hace un ruido que no se lo aguanta ni ella. Está tan rota en su estructura que ya no tiene forma de valija. Y arrastrarla es más trabajoso y desquiciante que cargarla en el aire a su propio peso.

Decisión tomada y todo, tardé dos o tres semanas en hacerlo.

Hasta que hoy, 14 de julio del 2010 y con mis recuerdos como testigos, dejo mi vieja valija bordó, cómplice de emociones, dudas y cambios, al lado del contenedor de basura en una esquina de Barcelona.

Si a alguien le sirve se la llevará y empezará otra historia para ella. Historia de viajes, ilusiones, mudanzas, ayudas, miedos y certezas.

Si a nadie le sirve terminará sus días, sabiendo que fue siempre útil, siempre buena, siempre compañera. La ayuda amiga que hace falta en toda aventura.

Adiós, querida. La mano derecha en el pecho, y mi minuto de silencio…


el amor con Buenos Aires

Una semana después de llegar a Barcelona, volví a hacer el amor con Buenos Aires. Podría haberlo hecho con Barcelona, pero con Buenos Aires me fue más fácil. Conocía el camino hacia su cama casi de memoria, y además se le notaba que quería llevarme ahí. Fue tan dulce que no pude decir que no. Encontró 5€ tirados y compró más cerveza; recuerdo que se quejaba del sonido de mis rodillas subiendo la escalera, mientras yo miraba sus ojos profundos y sabía que ya no me olvidaría de esa noche.
Hice el amor con Buenos Aires. Hice el amor con sus contradicciones, con sus mentiras, su infidelidad, su individualismo. Con su soledad, con su ternura, con su fobia a las promesas, con su inmensa belleza, con su machismo, con su entrega absoluta y su vacío absoluto, con su inocencia, con su inseguridad, su emocionalidad y su insensibilidad, con su riesgosa locura, su bestialidad, su brutalidad, su magnetismo animal. Con su arrogancia y su agresividad.
Nos besamos despacito, como si se nos fuera a romper la boca. Nos besamos como si nos amáramos desde siempre. (Y en realidad nos amábamos desde siempre.) Nos desnudamos poco a poco, nos acariciamos todas las fronteras, todas las autopistas, todos los edificios, todas las avenidas, todos los poros, los puentes, los semáforos y los pelos. Nos besamos todos los ríos y los arroyos, todos los dedos, los hospitales, los faroles, los ojos, todos los árboles, los tatuajes y los trenes. Todos los labios y todos los restaurantes. Nos hicimos cosquillas en las terrazas, en los jardines y en las venas. No podíamos parar de jugar. Buenos Aires se metió adentro de mí, mirándome a los ojos y diciéndome exactamente lo que se sentía entrar dentro de otro cuerpo. Preguntó si estaba bien, porque yo me debatía entre el placer y el dolor. Al terminar el orgasmo, el que peleamos en todas las esquinas, nos abrazamos con potencia, hasta que nuestras panzas transpiradas se pegaran, sin dejar lugar al aire, sin dejar lugar a dudas. Buenos Aires se durmió en mis axilas, y me dijo que si durante la noche hacía ruido le avisara con una caricia.
Después de esa noche siguió el amor, y las contradicciones, las mentiras, la infidelidad, el individualismo. Y la soledad, y la ternura, y la fobia a las promesas, y la inmensa belleza, el machismo, la entrega absoluta y el vacío absoluto, la inocencia, la inseguridad, la emocionalidad y la insensibilidad, y la riesgosa locura, y la bestialidad, la brutalidad, el magnetismo animal. Y la arrogancia y la agresividad.
Una madrugada, sin avisarme ni despedirse, Buenos Aires se volvió a Argentina. Y ahora está allá y yo estoy acá, y sin duda nos extrañamos. Nos necesitamos. Pero somos demasiado concientes de que así estamos mucho mejor.