Aniversario

Según el almanaque y la tiranía del Papa Gregorio XIII, hace exactamente un año me bajé de un avión que me traía de Lisboa, donde otro que me traía de Barcelona me había dejado.
Todavía tenía huellitas de sal atravesándome los cachetes, y el pecho se me encogía viendo las lucecitas naranjas y azules del conurbano de mi ciudad; la ciudad que me había parido, y que me había echado; la ciudad que ahora, por algún motivo extraño, me había pedido que volviera, y sin todavía pedirme perdón.
Llegué trayendo todo lo que tenía en dos valijas de 23 kilos, mis brazos entumecidos de tanto haber abrazado y tanto querer abrazar, y los poros pesados y bobos por los últimos adioses, las últimas claritas, el último café con leche y las últimas miradas.
Del otro lado de las puertas me esperaba mi familia, con la garganta hirviendo de preguntas.
Y yo estaba vacía. De respuestas y de destino.
Y me dejé abrazar, y preguntar, y recibir, y bienvenir.
Y por adentro mío se escuchaba una canción:

aqui queda todo lo que fui
aqui empieza todo lo que soy...

humedad

"Tengo una pena fría y húmeda acá en el techo
y si no lo reparo caerá un río con todo lo malo,
un río con todo lo bueno”
(La Menor, Onda Vaga)


Después de muchas amenazas, citas canceladas a último momento, visitas inesperadas y timbres de bajo volumen, mañana finalmente vendrán a arreglar la mancha de humedad en el techo de la cocina de mi nueva casita compartida en el barrio de Villa Urquiza.
Mientras, esta noche se la dedico a acomodar en mi cuarto en mi nueva casita compartida en el barrio de Villa Urquiza el contenido de tres cajas grandes de cartón, que son objetos que embalé hace dos años cuando me tomé un avión que sonó como un portazo y me fui hacia España. Objetos que se salvaron de la arrasante dictadura de donaciones, ventas y desechos; que por algún motivo guardé no muy contenta con sentirme tan atada a tantos objetos, pensando que tardaría mucho en volver a verlos, y hoy creyendo que los había olvidado. Es curioso, porque creía que una de las mayores enseñanzas que este viaje emigratorio me había dejado era justamente mi capacidad de desapego de lo material. En cierto sentido tuve que atravesar realmente un gran desapego material. Tanto cuando me fui, que todo lo mío entraba en un departamento pequeño pero plagado de cosas, como cuando volví, que todo lo mío tenía que entrar en dos valijas de 23 kg. de peso. Pero hasta ayer, que saqué de alguna baulera olvidada las cajas que contenían todo y las traje a mi nueva casita compartida en el barrio de Villa Urquiza, seguía sintiendo que no estaba "en casa" hasta que no trajera todo, absolutamente todo lo que poseía en el mundo, a reunirlo en un mismo lugar.
Qué mundo vertiginoso el de las posesiones materiales, ¿no? Por momentos una cárcel autoforjada, por momentos un cordón de plata hacia la familiaridad más tierna y suave. Bueno, será que todo lo material tiene dos caras, y por ello no es verdadero.

Y la mancha de humedad de la cocina, que vienen a borrar mañana, después de muchas citas canceladas a último momento, visitas inesperadas y timbres de bajo volumen, acabo de darme cuenta que tiene la forma de España.

La Maleta

Letra y música de Ana Prada

Se asoma a su maleta pensativa
no sabe si habrá sitio para todo,
ahí tiene que entrar toda su vida
pero ella aún no encuentra de qué modo.

Va plegando camisas y recuerdos
coloca entre los sueños sus zapatos
dobla el abrigo sobre los afectos
y no quiere que quepan los retratos.

Y el cielo está tan gris
y las palmeras tan derechas, tan derechas.

Qué difícil va a ser la despedida,
reconstruir a solas su maleta.
Tras este salto seguirá su vida
como le sigue el hilo a la cometa.

Repasa el equipaje como ausente
ya sabe que no habrá ninguna meta,
que el pasado termina en el presente
y que el presente empieza en su maleta.

Y el cielo esta tan gris
y las palmeras tan derechas, tan derechas.

Se asoma a su maleta pensativa
no sabe si habrá sitio para todo.

Repasa el equipaje como ausente
ya sabe que no habrá ninguna meta,
que el pasado termina en el presente
y que el presente empieza en su maleta.

Dejando afuera el mundo conocido
con gesto inexorable,
con mano de firmeza.

Y el cielo esta tan gris
y las palmeras tan derechas, tan derechas.


- Esta ciudad es bruja ¿sabe usted? Se le mete a uno en la piel y le roba el alma sin que uno se dé ni cuenta.

(De La Sombra del Viento,
de Carlos Ruiz Zafón.
Pág 470)

Tal vez sea bueno mantener este blog

Hace algunos meses, al volver a Argentina, decidí congelar este blog. No cerrarlo pero simplemente no agregarle nada. La excusa era la simple idea de que al no vivir más en Barcelona, no sería más una “argentina en Barcelona”, y por tanto este blog no tendría ya sentido, si es que alguna vez lo tuvo.

Qué tonta.

Como si todo hubiera acabado. Como si todo hubiera vuelto a la normalidad. Como si fuera tan sencillo con un “bueno, probaste y volviste, y ya está” como todos diagnostican. Como si no hubiera pasado todos estos meses como una exiliada volviendo a su país, exiliada del país que la recibió al irse. Como una extranjera, ciudadana de otra ciudad donde también era extranjera por ser ciudadana de otra ciudad donde es extranjera ahora. Todo sigue desacomodado. Todo sigue raro. Las ganas de volver no se fueron, solo que ahora se trata de volver a un lugar distinto, al lugar donde estaba cuando quería volver acá, al lugar al que me fui cuando ya no quería estar acá. O sea que en el fondo no se trata de irse para volver, ni de volver para irse, se trata es escapar. Y no entiendo de qué me estoy escapando. Y tal vez por eso sea bueno mantener este blog, para seguir escupiendo las preguntas que se me esconden en los oídos, que todavía no entiendo y que todavía no respondo. Preguntas que no tienen que ver con el “por qué volví” sino con el “por qué me fui en primera instancia”.

Y tal vez sea bueno mantener este blog porque recién ahora que tengo casa propia, después de seis meses de volver y de tanto buscar y golpearme contra la pared pensando que todo se resolvería con solo tomar un avión (todavía, después de cruzar el Océano Atlántico de ida y de vuelta, sigo pensando que todo se resuelve con tomar un avión y no puedo ser más necia), rescato todas las fotos, recortes, dibujos y láminas que adornaban mis paredes allá, pretendiendo que adornen también las de acá, y se me instala un ladrillo en la garganta. Y así encuentro recuerdos que me cagan a trompadas, y me abren preguntas como tajos que pensé que ni existían. Encuentro el posavasos de la cafetería Jamaica, guarida de cafelitos urgentes en los recreos del trabajo. El posavasos del Bosc de les Fades, el bar que es bosque y es bar y como todo bosque y bar de Barcelona se esconde detrás de millones de esquinas de piedra, suelos mojados, arcadas góticas, amores olvidados y luces amarillas. La bolsita de papel de Dunkin` Donuts, limpita y sin usar, igual a otras tantas usadas llevando roscas humeantes y transpirando chocolate y azúcar en los diciembres congelados de Paseo de Gracia. El mapa de Barcelona rosadito y blanco, de los colores que El Corte Inglés lo imprimía hace años (cuando sólo llegaba hasta el Parc Güell; ahora le ponen el límite mucho más lejos, en el Tibidabo), y un cartelito pegado a él que dice “¿Recuerdas cuando te asombrabas?”, publicidad de los helados Häagen-Dazs (a la que obvio le saqué el logo y conservé la frase).

Y tal vez sea bueno mantener este blog porque vuelvo a soñar con Barcelona, como lo hacía hace años, con la ciudad que me llama. Vuelvo a soñar que estoy allá, caminando las calles y respirando las nubes, y que todo brilla y que todo es bello.

Y tal vez sea bueno mantener este blog porque desde que volví no pude tocar una sola novela que no estuviera centrada en Barcelona. Porque no me interesa leer nada que no me haga imaginarme siguiendo como espía a los personajes por la ciudad, con sus detalles, sus colores, sus baldosas y sus secretos.

Y tal vez sea bueno mantener este blog porque estallo en llanto a menudo. Por ejemplo cuando veo otra vez las cositas que adornaban mis paredes allá. Por ejemplo cuando veo a cientos de chicos de mi edad durmiendo en Plaza Catalunya reclamando justicia social y económica; veo la plaza, y sueño con estar ahí, escuchándolos hablar y reír y quejarse. Por ejemplo cuando el FCBarcelona sale campeón. Por ejemplo cuando me sale sin pensar alguna frase en catalán y nadie a mi alrededor me entiende; lo mismo que cuando allá me salía sin pensar algún modismo argentino y nadie tampoco me entendía. Por ejemplo cuando recuerdo los muebles de las casas donde viví, los ruidos que lograron hacerse familiares, los colores de las paredes, los cuadros de las salas, los almohadones de mi cama, y los paisajes de mis ventanas. Por ejemplo, cuando no puedo dormir de noche y en la oscuridad abro los ojos y por fragmentos de un segundo no sé dónde estoy, ni si es acá o si es allá. Por ejemplo cuando voy en subte, escuchando en mi mp3 alguna canción que también escuchaba allá, y por momentos cierro los ojos y siento el avanzar vibrante del vagón y me imagino que una voz anunciará en castellano y en catalán la próxima estación, y que abriré los ojos y estaré en Barcelona, sin pasajes de avión, ni maletas, ni despedidas. Por ejemplo cuando se me acalambra el corazón y el cerebro de tanto imaginar inútilmente que mis dos ciudades son una, que puedo recorrerlas y penetrarlas y amarlas sin distancia, sin angustia, sin renuncia.

Y tal vez sea bueno mantener este blog porque sí, aunque a partir de ahora se trate pura y exclusivamente de mí, y la gente ya deje se sentirse identificada al leerme, y empiece a aburrirse con mi “yo”ismo, y nadie se meta más que yo, para seguir colgando cosas que me ayuden a encontrarme.

Un amigo uruguayo me dijo que no hace falta solo irse. Hace falta irse, y después volver. Y recién ahí uno puede saber y entender dónde quiere estar. Porque apenas yéndose uno idealiza demasiado bien lo nuevo y demasiado mal lo viejo, y no tiene una visión completa. Pero yéndose y volviendo contrarresta las impresiones y prueba las dos cosas por separado, y entonces así entiende. “Volver al vientre de la ballena”, decía él, “Es necesario volver al vientre de la ballena”. No sé a qué carajo se refería, pero esa expresión me suena de algo que alguna vez vi en una clase de literatura, y ahora no me la puedo sacar de la cabeza.

Tal vez sea bueno mantener este blog, entonces, porque que sea necesario volver al vientre de la ballena, tal vez sea verdad.


Se termina acá este blog, porque ya no soy una argentina viviendo en Barcelona.
Gracias por estos meses de compañía y fidelidad.
Me mudé a www.etcetera-poesias.blogspot.com, espero verlos por ahí.