Primeros días en Buenos Aires

1) ¿Dónde estoy?
2) ¿Y yo qué estoy haciendo acá?
3) Y ahora… ¿qué?
4) Reencuentro con las calles que eran cotidianas.
5) ¿La gente está más buena, o soy yo la que cambió?
6) Carne asada, sol, y amor por todas partes.
7) Lágrimas, después de mucho tiempo. Vacío, y miedo.
8) Creo que el problema no es Buenos Aires, sino la soledad que ella escupe en mi cara, de prepo, y sin otra opción.
9) Porque me muero si me quedo, pero me duele si me voy. Por todo y a pesar de todo, mi amor… no puedo vivir en vos.
10) Cachetada amiga: “madurá, elegí, y hacete cargo”
11) Aferrándome a la idea de que el camino es siempre hacia adelante.
12) Cansada de pensar.
13) Lección del día: el rencor es como tomarse un vaso de veneno y pretender que se muera otro.
14) “La recuperamos”, escuché.
15) “Hey, Jude. Don´t carry the World upon your shoulders” . You don´t have to carry the world upon your shoulders…
16) Haber vuelto para saber qué sentía, y ahora tener que volver a ir para volver a saber que siento.
17) Hacer de mi vida algo propio. Hacer de mí vida algo mío.
18) Aburrida. Y un poco triste.
19) Reencuentro forzoso con el típico psicópata argentino, que, si no hacés exactamente lo que él quiere, te agrede y ofende.
20) Empiezo a recordar por qué me había ido…
21) “Ciudad de putas derrotas, no quiero volverte a ver. Si nadie me toca el alma, creo que hoy moriré” .
22) Acá hasta el agnóstico más fundamentalista no cree en absolutamente nada bueno, pero vive con la más ciega fe en la fatalidad y la desgracia.
23) La gente me pregunta “¿para qué volviste ahora a Buenos Aires?” como si no fuera obvio que simplemente para visitar. Pero en verdad es una pregunta más profunda, para la cual creo que no tengo respuesta.
24) Me sigo deshaciendo a cataratas y trompadas de objetos que, en verdad, nunca fueron realmente míos.
25) Supongo que cuanto más tiempo me quede más me va a doler la despedida…
26) “Aquí queda todo lo que fui; aquí empieza todo lo que soy. Aquí es lo único que tengo, y lo único que quiero, de aquel lugar de donde vengo. Y lo que venga después, así será y no le temo; y lo que quede esperar, siempre más.”

-----------------------------------------------------------------------
Las citas son sobre “Serenata para la tierra de uno”, de María Elena Walsh. “Hey Jude”, de The Beatles. “Tango Feroz”, de Ulises Butrón. “Lo que venga después”, de Julieta Venegas.

La primera vez

La primera vez: muchos nervios, dudas, miedos, ansiedad.
¿Cómo será?
¿Me hará sentir bien?
¿Me dolerá?
¿Me gustará?
¿Querré repetirlo más a menudo, o me asustará?
¿Estaré haciendo lo correcto, o mejor esperar?

Todos los “enmigrantes” tenemos una idea aproximada de cómo será viajar por primera vez a nuestro país después de dejarlo, pero en realidad, nadie lo sabe a ciencia cierta.
No puedo parar de pensar si al volver volveré a ser la de antes, o si sentiré que realmente cambié todo lo que cambié. Si al volver volveré a comportarme como antes, o si sentiré que realmente aprendí todo lo que aprendí. Si al volver volveré a pensar como antes, o si sentiré que realmente crecí todo lo que crecí.
Todos me preguntan si es un viaje de regreso o un viaje de visita. Mis amigos de acá me piden: “Vuelve”, y mis amigos de allá me piden: “Volvé”. Y yo ya no sé qué es volver, ni qué es partir, ni cuál es el punto de salida, ni cuál el de llegada.
Y es que en realidad no sé qué es exactamente lo que estoy haciendo.
La única verdad que me atraviesa, frente a tantas respuestas sin preguntas y de espalda a tantas preguntas sin respuestas, es que no hay un viaje que sea de ida, ni otro que sea de vuelta. Hay en todo momento un solo viaje. Y es hacia adelante, siempre.

Enmigrante

Inmigrante:

Dicho del natural de un país: Que llega a otro para establecerse en él, con idea de domiciliarse en las colonias ya formadas.(Según R.A.E.)

Emigrante:

Dicho de una persona: Que deja o abandona su propio país con ánimo de establecerse en otro extranjero.(Según R.A.E.)

Enmigrante:

Dicho de una persona: Que es natural de un país aunque se siente ajeno, y quiere establecerse en otro pero sin abandonar el propio. Nunca se sabe si va o si viene, ni cuál es en verdad su hogar, ni si su patria y su país coinciden. Extranjero aquí y allí: no se sabe de qué nación forma parte, y es siempre ciudadano de otro lado. (Según argentinaenbarcelona)

Monumentos a Colón

En la ciudad de Barcelona, frente al mar y junto al puerto, en el centro de uno de los centros, hay un monumento a Cristóbal Colón que, desde lo alto, mira y señala hacia un punto indefinido del horizonte que dicen que coincide con la ubicación de América.
En la ciudad de Buenos Aires, frente al río y junto a la casa de Gobierno, en el centro de uno de los centros, también hay un monumento a Cristóbal Colón, muy parecido al anterior y que también, desde lo alto, mira hacia un punto indefinido del horizonte que dicen que coincide con la ubicación de Europa.
Tal vez a muchos esta estatua nos indique o nos recuerde hacia donde tenemos que mirar. Y me pregunto si no serán éstos, en lugar de monumentos a Cristóbal Colón, monumentos al Inmigrante. Al inmigrante europeo de las grandes guerras, y al inmigrante americano de las grandes depresiones, que tiene los pies de este lado pero vive mirando hacia el otro, que tiene los pies del otro lado pero vive mirando hacia éste.
Y pienso entonces si Cristóbal Colón no habrá sido el primero de nuestra especie, que también vivió y murió pensando y soñando con lo que había más allá del horizonte.



La puntual

- Lo mejor de irte a otro lugar es que tenés la posibilidad de reinventarte – me dijo mi mejor amiga, algunas semanas antes de que me fuera de Argentina.

Y después de un tiempito de silencio, porque la tristeza abundaba y no había demasiado que decirle al adiós en cuentagotas, empezó a reír, y agregó:

- ¡Imagináte si conocés a un chico, y cada vez que quedás para verlo llegás super puntual! ¡Él va a decirles a todos sus amigos, cuando les hable de vos, que conoció a una chica super puntual! ¡Y aunque parezca mentira, va a estar hablando de la misma Pepa que acá es capaz de llegar dos horas tarde, o directamente ni aparecer!


Fue muy graciosa la idea de imaginarme siendo puntual.

Fue encantadora la idea de reinventarme. En eso.

O en algo.

O en todo.

Y reinventarme me reinventé. Y me reencontré, también. O más bien me encontré, después de haber estado 25 años perdida, afuera de mí misma.

Pero la verdad es que puntual, lo que se dice puntual, no pude ser nunca. Ni antes ni ahora.


Y paseando un día por las callecitas de otoño de esta ciudad, encontré una placita que ojalá pudiera ser mía, y saqué una foto que con un abrazo inmenso, le quiero regalar a todas las personas que alguna vez quedaron en encontrarse conmigo, en alguna esquina o en algún café, en Buenos Aires o Barcelona, y a los que hice esperar, con toda seguridad, por los menos 15 minutos.


Sí, Pepa es impuntual. Y a mucha honra.

¡Qué le vamos a hacer!


Otro punto de reflexión para donantes de ideas.


¿Qué te falta?
¿Qué te sobra?

(Nada.)